Esta es la descripcion del blog, podría ser actualizada con citas de San agustín si querés o con la direccion o algun dato importante que sea necesario que se viera TODO EL TIEMPO
miércoles, 28 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
SAN AGUSTIN Y LA MUSICA

Orden religiosa recurrió al arte musical para la evangelización de los indígenas.
De Tierra Caliente Boletín INAH - México
SONES CALENTANOS TENDRÍAN ORIGEN AGUSTINO
Este género musical posiblemente se originó en el siglo XVI, con la labor de esta orden religiosa, que recurrió al arte musical para la evangelización de los indígenas
Los “san agustines” son una variante de los sones, de los pocos que tienen letra y hacen referencia al santo
Los diversos sones que se han desarrollado en la región de Tierra Caliente son un género mestizo que posiblemente tenga su origen en el siglo XVI, con la formación de músicos y cantores en las capillas de música de la Nueva España, fundadas por diversas órdenes religiosas para la evangelización de los nativos, particularmente por los agustinos, quienes arribaron a esta zona en 1537.
Los sones calentanos sobre San Agustín Victorioso (también conocidos como “san agustines”), cuya lírica —analizada antropológicamente— está inundada de analogías cristianas, son evidencia de la influencia de la orden de los agustinos en los estilos musicales y poesía de dicha región, que abarca partes de los estados de Guerrero, Michoacán, Estado de México, el sureste de Colima y sur de Jalisco.
Esta tesis es parte de la investigación del antropólogo Juan José Atilano Flores, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), que será presentada este 1 de septiembre en el ciclo de conferencias de la Cátedra “Ignacio Manuel Altamirano”, que se realiza en el Museo Regional de Guerrero, en Chilpancingo.
El investigador de la Coordinación Nacional de Antropología explicó que el son calentano o de Tierra Caliente, es un género conformado por rasgos españoles, indígenas y africanos, cuyo primer mestizaje musical y poético se dio a partir del canto llano y los villancicos utilizados en el teatro de evangelización.
“Ese fue uno de los primeros indicios del proceso de mestizaje en el que confluyeron las tradiciones española, indígena y negra. Dicho mestizaje se consolidó en el siglo XVIII, con los ‘sonetitos de la tierra’, y a partir de entonces el son fue definido como género musical mezclado”.
Atilano Flores mencionó que “la referencia inmediata que se tiene sobre el posible origen de los sones calentanos, en particular de los ‘san agustines’, es el escrito La Historia de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, de fray Diego de Basalenque, publicado en el siglo XVII. En este texto se habla sobre el convento agustino de Tiripetio, donde se estableció una de las primeras capillas de canto donde quizá los religiosos evangelizaban a los indígenas por medio del arte musical”.
“Al paso del tiempo —añadió el especialista— este estilo musical se propagó por los pueblos que se asentaban a lo largo de la Depresión del Balsas, a través de la arriería, el comercio y los puertos, como puntos de encuentro entre las poblaciones”. Algunos de los sitios de Tierra Caliente donde el son ha tenido mayor auge son: Zirándaro, Ciudad Altamirano, Coyuca de Catalán, Ajuchitlán, Tlapehuala, Totolapan y Coahuayutla, en Guerrero; Huetamo y Cuitzeo, en Michoacán; además de Amatepec y Bejucos, en el Estado de México, por mencionar algunos.
“Los sones constituyen la identidad de los habitantes de Tierra Caliente, reflejan sus pensamientos, creencias, ideas e incluso su historia, al expresarse en coplas y corridos la construcción de analogías, característica del pensamiento cristiano, rasgo que seguramente surgió por influencia de los agustinos, quienes arribaron a esta región alrededor de 1537 y permanecieron durante 30 años”, puntualizó el antropólogo Juan José Atilano.
El son calentano, explicó el especialista del INAH, es un género musical que se interpreta con violín, guitarra y tamborita, y cuyas características principales es su ejecución en tiempos de seis octavos, con la presencia frecuente de alteraciones rítmicas con compás de tres cuartos.
Refirió que en particular las piezas musicales de este género en Tierra Caliente se caracterizan por tener nombres de animales que forman parte del entorno del lugar. Además, gran parte de los sones calentanos son “mudos”, ya que pocos de ellos poseen letra de acompañamiento, en su mayoría constituyen onomatopeyas de sonidos de animales propios de la región, como burros, caballos, gallos, pichacuas (ave nocturna), entre otros.
“Desde el punto de vista antropológico, esta imitación es resultado de la necesidad de la población calentana de crear música, a partir de la producción de sonidos cotidianos y comunes presentes en el entorno, que al tomarlos como elementos inspiradores fungen como rasgos de identidad de la comunidad”, explicó Juan José Atilano.
Cabe mencionar que no obstante, hay sones que sí tienen letra pero son muy pocos los ejemplos, como es el caso de las “inditas”, “mariquitas” y “san agustines”, que reciben dichos términos según los versos repetitivos que poseen.
En este sentido, el antropólogo del INAH refirió que los “san agustines”, son de los pocos sones que están acompañados con letras a manera de coplas —versos rítmicos de ocho a diez sílabas—, que a su vez integran la narración de una historia que se le conoce como corrido.
“Hasta el momento se han localizado cinco sones alusivos a San Agustín Victorioso o “san agustines”, cuya relación con esta orden religiosa radica en el pensamiento analógico cristiano que se refleja en las letras de este género musical, además de las temáticas que están asociadas a la ganadería, actividad que se desarrolló en Tierra Caliente a partir de la llegada de los agustinos en el siglo XVI.
“En todos estos sones la letra hace referencia a San Agustín, santo que está presente en términos del discurso como ‘un yo constante’, participando como el personaje que narra, ordena, organiza la fiesta, es dueño del ganado, es el músico que interpreta o el cazador que alimenta a los vaqueros”.
Atilano Flores señaló que cuatro de los cinco “san agustines” fueron registrados por el estudioso del folclor Celedonio Serrano, entre 1942 y 1951; se desconoce la autoría de dichas piezas musicales, excepto de algunos versos compuestos por Juan Bartolo Tavira, a finales de 1919, originario del municipio de Ajuchitlán, Guerrero, según lo indica el texto Mitote, fandango y mariachero, escrito por el doctor en Historia Álvaro Ochoa.
Las cuatro composiciones restantes fueron registradas en las localidades de Coyuca de Catalán y Tlalchapa, en Guerrero; Huetamo, en Michoacán; y en el Estado de México, aunque se desconoce el municipio o localidad de procedencia.
La Cátedra “Ignacio Manuel Altamirano”, organizada por el Centro INAH-Guerrero, tendrá como siguiente tema Percepción social de la mujer en el uso y transmisión de las lenguas originarias, que será expuesto el 6 de octubre por el maestro Antonio García Zúñiga, arqueólogo del Centro INAH-Yucatán.
martes, 6 de septiembre de 2011
La Biblioteca Agustiniana en las XI jornadas internacionales de SAEMED

jueves, 1 de septiembre de 2011
Latinoamérica y su interés por los Estudios Patristicos

Muy Estimados Colegas:
Les escribo para compartir con ustedes una hermosa noticia. A partir de este año y durante un período de cuatro años, el nuevo Vicepresidente de la AIEP, será nuestro colega chileno, el Dr. Oscar Velásquez.
En una elección muy emocionante e inolvidable realizada en Oxford, en ocasión de la realización de la XVI Conferencia Internacional de Estudios Patrísticos, por vez primera en la historia de nuestra Asociación, un latinoamericano ocupará este importante cargo.
Evidentemente este acto marca un hito en los Estudios Patrísticos en Latinoamérica, ya que entre otras muchas cosas, permitirá que todo nuestro trabajo tenga mayor presencia en ámbitos internacionales.
También quisiera contarles que pudimos organizar un workshop sobre "Estudios Patrísticos en Latinoamérica" en el cual participamos un grupo de 8 argentinos, dos chilenos y un brasileño.
Tuvo muy buena aceptación, fundamentalmente por parte de los organizadores y durante esta semana he recibido excelentes comentarios de algunos de ellos (Carol Harrison, Gilles Clark,Averil Cameron) .
En fin, que fue una experiencia hermosa y que además nos ha unido mucho como grupo. A los que por razones varias no pudieron viajar, les comento que la AIEP ( http://www.aiep-iaps.org/FR/index.html ) está organizando un importante evento en Jerusalén para festejar sus 50 años de existencia. Si bien todavía no está absolutamente confirmada la fecha, probablemente sería entre el 7 al 9 de enero del 2013. Los mantendré informado acerca de todas las novedades, porque esta vez ¡me encantaría que pudiéramos estar todos presentes!.
Con mucho cariño
Patricia Ciner
Nota: Mayor información del Dr. Velasquez :http://www.diadokhe.cl/paginas/personal.html
martes, 30 de agosto de 2011
El Fuego de Boris...un aniversario para nuestra memoria
J.L.B.
Por Edit Marinozzi
“¡Queman libros, queman libros!” gritaban los chicos. Era el 30 de agosto de 1980, y un millón y medio de ejemplares de libros del Centro Editor de América Latina ardían en una hoguera que persistió por tres días en un baldío de Sarandí.
La policía de la provincia de Buenos Aires cumplía así la orden que el 7 de diciembre de 1978 firmara el mayor retirado del ejército, Héctor Gustavo de la Serna, que actuaba como juez federal en la ciudad de La Plata.
Los inspectores municipales y el Cuerpo de Caballería habían allanado y clausurado los depósitos del CEAL en Avellaneda y arrestado a catorce peones, bajo la acusación de infringir la Ley 20840, que castigaba a los ciudadanos que “por cualquier medio, intentasen alterar o suprimir el orden institucional y la paz social de la nación”.Porque se trata de recordar: además del secuestro y la desaparición sistemática de los luchadores sociales y de la consolidación de las bases del plan económico de Martínez de Hoz, la última dictadura militar también llevó adelante una clara política de desaparición y sustitución de buena parte de la producción literaria de la época.
Y es que esos libros “algo habían hecho”: crearon lectores donde no los había. Fueron editados con la explícita intención de abrir perspectivas a los que hasta entonces no los compraban o a los que tenían poco dinero para comprarlos. “Van a ser muy baratos y van a poder comprarlos todas las personas del mundo”.
Ese fue el sueño de un hombre singular en la historia de la edición argentina: Boris Spivacow.
Hijo de revolucionarios, lector voraz, matemático que no ejercía “porque no estaba dispuesto a ponerse el crepón negro cuando murió Evita”, Spivacow inició su vínculo con el mundo editorial a raíz de que tuvo como alumnos particulares a los italianos judíos antifacistas Civita, Levi, Terni y Amati, quienes gestaronAbril, una editorial para chicos y adolescentes. Entre el 41 y el 45 trabajó allí como free lance en tareas de redacción, corrección y consulta sobre textos. Se convirtió después en empleado de planta, director de publicaciones infantiles, director general y subgerente, junto a Aldo Porto y Gino Germani. Fue responsable del lanzamiento de muchas colecciones: Pequeños grandes libros, Diverlandia, las historietas del Sargento Kirk de Pratt y Osterheld. Gatito, inspirado en el de Perrault, y Bolsillitos -que en 1953 vendió 110.000 ejemplares por semana- tuvieron gran repercusión también en toda América Latina.
En 1958, el rector de la UBA, Risieri Frondizi, que quiso una universidad abierta, al servicio de todo el país, se propone crear Eudeba, la editorial universitaria que tenía como modelo otra de financiamiento estatal, la mexicana Fondo de Cultura Económica. Importaron a su gerente, Arnaldo Orfila Reynal, para se ocupara de elegir a quien dirigiría Eudeba. Por entonces, Spivacow ya era docente de la UBA y seguía trabajando en Abril, y aunque estaba entre los seleccionados, su currículum sonaba demasiado ecléctico. Orfila decidió su candidatura con una prueba clave: le pidió conocer su biblioteca. Y el puesto fue suyo.
El objetivo era una editorial que, en vez de reducirse al ámbito universitario, saliera a ganarse al gran público. El lema, “Libros para todos”. La estrategia, editar libros con precio accesible y una distribución que excediera el circuito habitual de las librerías, para concentrarse en los kioscos. El mecanismo, que garantizaba tanto la continuidad en el mercado como la previsibilidad en cuanto a la cantidad de ejemplares a editar, fue el fondo organizado en colecciones. Entre ellas, Cuadernos,Lectores, Serie del siglo y medio y Arte para todos, cuyo primer título fue el “Martín Fierro” ilustrado por Castagnino, el libro de arte más vendido de nuestro país. Durante su gestión, Eudeba llegó a ser un enorme éxito comercial y cultural, con publicaciones de excelente calidad y masivo alcance.
El 3 de agosto de 1966, después de “La Noche de los bastones largos”, Spivacow y su equipo presentaron un documento de renuncia. Dejaban 802 títulos nuevos, 281 reediciones, 11.461.032 ejemplares vendidos, una empresa que no daba pérdidas y multitudes que ya sabían que leer era un derecho irrenunciable.
Con varios de sus colaboradores, Boris fundó el 21 de setiembre del mismo año el Centro Editor de América Latina, con la misma actitud de divulgación y extensión. “Más libros para más” era ahora el eslogan del CEAL.
En 1967 apareció, con un fascículo y un libro semanal, la Historia de la Literatura Argentina, en la que se inició una nueva generación de críticos; historias de la literatura universal, del Siglo XX, de las luchas obreras, del arte, geografías, libros para chicos, biografías, novelas.
“Logra un gran éxito con esta cultura popular en kioscos que se hacía sin plata. Era un mecanismo muy arriesgado, el formidable atrevimiento de un jugador de póquer”.
Graciela Montes lo define como un editor que tenía “un compromiso personal con su proyecto cultural, sabía dónde estaba parado, hacia dónde iba y qué es lo que quería hacer, con una lucidez que no he vuelto a ver en mi vida [...]
Yo aprendí de Boris que tenía que haber un editor que conciba el libro, más allá de todos los especialistas. ‘Vos imaginate lo mejor, lo más hermoso, lo más perfecto. Después vamos a ver cómo lo hacemos’, decía.
Era como seguir el camino del artista, porque para él editar era una pasión y un arte”.
Beatriz Sarlo coincide con otros colaboradores: “Me enseñó un oficio. Desde ir a un taller y ver cómo se mete un pliego hasta cómo se edita un libro”.
El CEAL, sinónimo de política cultural y cultura popular, de literatura por entregas y de entrega a la literatura, ofrecía un ambiente incomparable de trabajo. Es sabido que Spivacow pagaba sueldos bajos, y que el suyo era igual al de cualquier empleado. También, que viajaba en colectivo, caminaba para ir al trabajo y se ocupaba personalmente de comprobar en los kioscos si sus libros y fascículos estaban bien exhibidos.
Viejo, pobre y enfermo, Boris Spivacow recibió un único homenaje en vida: el 11 de mayo de 1994, dos meses antes de morir, la Universidad de Buenos Aires lo nombró Profesor Honorario.
El primer reconocimiento póstumo –y necesariamente póstumo porque murió antes de su publicación- es el libro de Maunás que editó Colihue en 1995, inigualable, porque están allí sus testimonios, fruto de las entrevistas que la autora le realizó.
En marzo del 2006 le pusieron su nombre a la plaza de la Biblioteca Nacional, homenaje complementado con una muestra, y seguido por una campaña que intenta rescatar todos los libros que publicó, encabezada por la periodista e investigadora Judith Gociol.
En el distrito de Avellaneda, un monumento recuerda su nombre y la fogata pírrica. Eventos similares fueron realizados por la Feria del Libro y por Eudeba.
La Cámara Argentina del Libro y la Secretaría de Cultura y Comunicación de la Presidencia de la Nación llama “José Boris Spivacow” a su concurso de Narrativa para autores inéditos.
En diciembre del año pasado, la Legislatura porteña entregó a sus hijos, Irene y Miguel, una plaqueta por “la tarea realizada por el primer director de Eudeba en pro de la cultura y la promoción y socialización de la lectura”.
Y han aparecido otros libros que rescatan y enmarcan su obra. Una serie de ensayos de investigadores de las universidades de Mar del Plata y Buenos Aires, referidos a distintos aspectos de la historia del CEAL, editado por Siglo XXI, que “dan cuenta del proyecto que redefinió las normas del campo intelectual argentino”. Y dos que editó Eudeba: el primero, sobre la relación de los libros y el golpe del 76, y el más reciente, casi un acto de reparación, en el que la relación de la dictadura con la cultura es analizada en la propia editorial.
La obra de Boris Spivacow perdura y se recrea. El fondo bibliográfico fruto de sus sueños es una realidad que sobrevivió a las persecuciones, y se encuentra en bibliotecas privadas y públicas a lo largo y a lo ancho del país. No ha dejado de circular, se sigue usando en cátedras e investigaciones, y sus efectos perduran: ahí donde hay títulos de Boris Spivacow, hay más libros, hay más lectores.
El fuego de Boris sigue ardiendo, mucho más fuerte que el de los biblioclastas.
Trabajo realizado para el Taller de Capacitación Literatura y Periodismo, del Programa Bibliotecas para Armar, coordinado por Mario Méndez, en la Biblioteca Popular Alejandro Gerchunoff.
Fuente:
http://www.blogs.buenosaires.gov.ar/librodearena/2009/08/28/el-fuego-de-boris-spivacow/domingo, 28 de agosto de 2011
San Agustín, conversion, fe, verdad, tiempo..celebramos a nuestro Patrono

Pensamos que estas palabras de S.S. Benedicto XVI serán de provecho en este día ta especial para nosotros, que celebranos a nuestro Padre san Agustín, que sean de provecho:
"...En su libro “Las Confesiones”, Agustín ha ilustrado en modo conmovedor el camino de su conversión, que con el Bautismo que le administró el Obispo Ambrosio en la catedral de Milán había alcanzado su meta. Quien lee Las Confesiones puede compartir el camino que Agustín en larga lucha interior debió recorrer para recibir finalmente, en la noche de Pascua del 387, en la fuente baustisimal el Sacramento que selló el gran giro de su vida. Siguiendo atentamente el curso de la vida de San Agustín, se puede ver que la conversión no fue un envento de un único momento, sino precisamente un camino. Y se puede ver que en la fuente bautismal este camino no había terminado aún. Como antes del Bautismo, así también después de él la vida de Agustín permaneció, con todo en modo distinto, un camino de conversión – hasta su última enfermedad, cuando hace poner en la pared los Salmos penitenciales para tenerlos siempre ante los ojos; cuando se autoexcluye de recibir la Eucaristía para volver a recorrer una vez más la vía de la penitnecia y recibir la salvación de las manos de Cristo, como don de la misericordia de Dios. Así podemos hablar de las “conversiones” de Agustín que, de hecho, han sido una única gran conversión en la búsqueda del Rostro de Cristo y después en el caminar junto con Él.
Quisiera hablar de tres grandes etapas en este camino de conversión, de tres “conversiones”. La primera conversión fundamental fue el camino interior hacia el cristianismo, hacia el “sí” de la fe y del Bautismo. ¿Cuál fue el aspecto esencial de este camino? Agustín, de una parte, era hijo de su tiempo, condicionado profundamente por los hábitos y las pasiones dominantes en él, como también por todas las preguntas y problemas de un joven. Vivía como todos los otros, y sin embargo había en él algo de particular: él permanece siempre como una persona en búsqueda. No se contentó nunca con la vida así como se presentaba y como todos la vivían. Estaba siempre atormentado por la cuestión de la verdad. Quería encontrar la verdad. Quería conseguir saber la qué es el hombre; de dónde proviene el mundo; de dónde venimos nosotros mismos, a dónde vamos y cómo podemos encontrar la vida verdadera. Quería encontrar la recta vía y no simplemente vivir ciegamente sin sentido y sin meta. La pasión por la verdad y la verdadera palabra-clave de su vida. Y hay aún una pecularidad. Todo lo que no llevaba el nombre de Cristo, no le bastaba. El amor por este nombre – nos dice – lo había bebido con la leche materna (cfr Confesiones 3,4,8). Y siempre había creído – a veces más bien vagamente, a veces más claramente – que Dios existe y que Él cuida de nosotros. Pero conocer verdaderamente a este Dios y familiarizarse de verdad con aquel Jesucristo y llegar a decirle “sí” con todas las consecuencias – esta era la lucha interior de sus años jóvenes. Nos cuenta que, por medio de la filosofía platónica, había aprendido y reconocido que “en el principio era el Verbo” – el Logos, la razón creadora. Pero la filosofía no le indicaba ninguna vía para alcanzarlo; este Logos permanecía lejano e intangibile. Sólo en la fe de la Iglesia encontró después la segunda verdad esencial: el Verbo se hizo carne. Y así Él nos toca, nosotros lo tocamos. A la humildad de la encarnación de Dios debe corresponder la humildad de nuestra fe, que depone la soberbia sabelotodo y se inclina entrando a formar parte de la comunidad del cuerpo de Cristo; que vive con la Iglesia y sólo así entra en la comunión concreta, más bien corpórea, con el Dios viviente. No debo decir cuánto nos concierne a nosotros: permanecer personas que buscan, que no se contentan con lo que todos dicen y hacen. No separar la mirada del Dios eterno y de Jesucristo. Aprender siempre de nuevo la humildad de la fe en la Iglesia corporal de Jesucristo.
Su segunda conversión nos la describe Agustín al final del segundo libro de sus Confesiones con las palabras: “Oprimido por mis pecados y por el peso de mi miseria, había lanzado en mi corazón y meditado una fuga en la soledad. Tú, sin embargo, me lo impediste, confortándome con estas palabras: «Cristo ha muerto por todos, para que aquellos que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que que ha muerto por todos»” (2 Corintios 5,15; Confesiones 10,43,70). ¿Qué había sucedido? Después de su Bautismo, Agustín se había decidido a volver a África y allí había fundado, junto con sus amigos, un pequeño monasterio. Ahora su vida debía estar dedicada totalmente al coloquio con Dios y a la reflexión y contemplación de la belleza y de la verdad de su Palabra. Así pasó tres años felices, en los cuales creía que había llegado a la meta de su vida; en aquel periodo nace una serie de preciosas obras filosóficas. En el 391 fue a encotrar en la ciudad portuario de Hipona a un amigo, al que quería conquistar para la vida monástica. Pero en la liturgia dominical, de la cual participó en la catedral, fue reconocido. El Obispo de la ciudad, un hombre de origen griego, que no hablaba bien el latín y se fatigaba predicando, en su homilía sin venir al caso dice que tenía la intención de elegir a un sacerdote al cual confiar también la tarea de la predicación. Inmediatamente la gente agarró a Agustín y lo llevó a la fuerza hacia delante, para que fuese consagrado sacerdote al servicio de la ciudad. Poco después de esta consagración forzada, Agustín escribe al Obispo Valerio: “Me sentí como uno que no sabe tener el remo y al cual, sin embargo, le es asignado el segundo puesto en el timón… Y de aquí derivaban aquellas lágrimas que algunos hermanos me vieron derramar en la ciudad al tiempo de mi ordenación” (cfr Epístola 21,1s). El bello sueño de la vida contemplativa se había desvanecido, la vida de Agustín le resultaba fundamentalmente cambiada. Ahora debía vivir con Cristo para todos. Debía traducir sus conocimientos y sus pensamientos sublimes al pensamiento y al lenguaje de la gente sencilla de su ciudad. La gran obra filosófica de toda una vida, que había soñado, quedó sin escribir. En su lugar nos viene dada una cosa más preciosa: el Evangelio traducido en el lenguaje de la vida cotidiana. Lo que ahora constituía su cotidianeidad, lo ha descrito así: “Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los opositores… estimular a los negligentes, frenar a los pendencieros, ayudar a los necesitados, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos, tolerar a los malos y amar a todos” (cfr Sermón 340, 3). “Continuamente predicar, discutir, reprender, edificar, estar a disposición de todosi – es una ingente carga, un gran peso, una enorme fatiga” (Sermón 339, 4). Esta fue la segunda conversión que este hombre, luchando y sufriendo, debió realizar continuamente: siempre estar de nuevo allí para todos; siempre de nuevo, junto con Cristo, dar la propia vida, a fin de que otros pudieran encontrar en Él la verdadera Vida.
Hay todavía una tercera etapa decisiva en el camino de conversión de san Agustín. Después de su ordenación sacerdotal, había pedido un periodo de vacaciones para poder estudiar más a fondo las Sagradas Escrituras. Su primer ciclo de homilías, después de esta pausa de reflexión, consideró el Sermón de la montaña; allí explicaba la vía de la recta vida, “de la vida perfecta”, indicada de modo nuevo por Cristo –la presentaba como una peregrinación hacia el monte santo de la Palabra de Dios. En estas homilías se puede percibir aún todo el entusaismo de la fe apenas encontrada y vista: la firme convicción de que el bautizado, viviendo totalmente según el mensaje de Cristo, puede ser, precisamente, “perfecto”. Alrededor de veinte años depués, Agustín escribió un libro titulado Las Retractaciones, en el cual pasa revista de modo crítico a sus obras hasta aquel momento, aportando correcciones donde, en el entre tanto, había aprendido cosas nuevas. Respecto al ideal de la perfección en sus homilías sobre el Sermón de la montaña anota: “En el entre tanto he comprendido que uno sólo es verdaderamente perfecto y que las palabras del Sermón de la montaña han sido totalmente realizadas en uno solo: en Jesucristo mismo. Toda la Iglesia por el contrario – todos nosotros, incluidos los Apóstoles – debemos rogar todos los días: perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden” (cfr Retractaciones I 19,1-3). Agustín había aprendido un último grado de humildad – no sólo la humildad de introducir su gran pensamiento en la fe de la Iglesia, no sólo la humildad de traducir sus grandes conocimientos en la simplicidad del anuncio, sino también la humildad de reconocer que a él mismo y a la entera Iglesia peregrina era continuamente necesaria la bondad misericordiosa de un Dios que perdona; y nosotros – añadía – nos volvemos semejantes a Cristo, el Perfecto, en la medida más grande posible, cuando nos volvemos como Él personas de misericordia.
En esta hora agradecemos a Dios por la gran luz que se irradia de la sabiduría y de la humildad de san Agustín y pedimos al Señor para que dé a todos nosotros, día tras día, la conversión necesaria y así nos conduzca hacia la verdadera vida. Amén.
III Domingo de Pascua, 22 abril 2007Benedicto XVI, Huerto del Olmo, Pavia
miércoles, 24 de agosto de 2011
Episopado Argentino y la defensa de la Vida

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